“Esto me superó”: Cuando la maternidad te pega por la espalda

Antes que aparezca la lluvia de críticas y defensores de la maternidad rosada, los invito a leer primero, como pa’ no quedarnos con el título, porque si, suena terrible, pero a veces me pongo en -modo área dramática del mega- y es bueno poner suspenso.

¡Pucha que hay días difíciles! Y no es un día. Son dos, tres, una semana, dos semanas y pareciera que no se ve una luz. Y cuando esos días malos están ahí, no hay “vamos que se puede” que ayude. Uno se encierra en lo difícil del momento, en la poca solución, en las “no ganas” de buscar una solución, y la verdad es que empezamos a contaminarnos de sensaciones que poco ayudan a que el momento pase.

El cerebro es una máquina increíble, y está al servicio de nuestras experiencias, por lo tanto, cuando uno está triste, realmente estás triste. Y lo siente todo tu cuerpo, y te das cuenta que el que venga alguien y te diga “pero no estés triste”, no hará que mágicamente todo pase.

Entonces, ¿de quién es la misión de poder darle vuelta a la situación? De una misma.

Ya, hasta ahora todo bien. Pero… fácil decirlo ¿cierto?

Bien. Entonces, sigamos.

– Llevas días (semanas en mi caso) sin dormir. LITERAL. No es decir “no dormí nada” por decirlo, es realmente no dormir nada. Ver como las horas pasan, como va amaneciendo y ahí estás tu, con una frustración gigante porque solo quieres recostarte, pero tu guagua dispuso otra cosa, y no hay caso. No hay caso.

– Estás aburrida de los berrinches a cada rato, que te miren en público con cara de “a la hoguera” mientras tu hijo se desvive gritando en el piso del supermercado, y sólo quieres agarrarlo de un brazo y llevártelo lejos y cachetearlo, pero no puedes, porque no se debe, porque es un niño y tu un adulto, porque el descubre sus emociones y tu le estas ayudando a encontrarlas. Y no hay caso, no hay caso.

-No das más con todo lo que hay que hacer, porque mientras haces dormir a uno, se despierta el otro, y vamos que esto no acaba nunca, quieres lavarte el pelo, tomar once y ahí estás, con una paciencia eterna, cantando, meciendo, acunando, y no hay caso, no hay caso.

-No quiere comer. Preparas, cocinas, te sientas y le muestras un menú colorido, rico, ¡cómo no va a querer comer si lo cociné con tanto amor! Y no. Escupe, te cierra la boca, llora, hac arcadas y vomita. Terminas tirando el plato de comida lejos, y no hay caso, no hay caso.

-Toda variable controlada, lo abrigas, lo cuidas, te lavas las manos, pero se enfermó. Y ahí estás, con el en brazos porque la tos lo desgarra, porque la fiebre vuela y nadie te atiende y piensas en todos los pendientes, en quién y cómo cuidarán a esa guagua enferma porque tienes que presentarte a trabajar y ahí estás, organizando mentalmente mejor que cualquier wedding planner, tratando de dejar todo Ok para cuidar a tu hijo, porque lo que él necesita es mamá. Y no hay caso, no hay caso

-Te aburrió, te cansó llamar, escribir y pedirle a ese papá que porfavor deposite lo que corresponda, que porfavor, porfavor, venga a ver a su hijo porque como cresta es posible que no le interese ver crecer a esa guagua exquisita que cada día esta aprendiendo más. Y piensas que es injusto, que es muy injusto. Y no hay caso, no hay caso…

Y sientes que la maternidad te pegó por la espalda, te preguntas si serás la única que se siente así, porque pucha que te sientes mal, es un cansancio real, agobiante. Y te cuestionas si realmente eres buena mamá por estar pensando todo esto en vez de disfrutar ver “la vaca lola” por enésima vez y te carga sentirte así pero también te validas porque realmente es así de difícil… y pasa la noche, y al día siguiente te diste cuenta que dormiste varias horas en la noche, que hoy no hubo un berrinche, fue un día increíble, porque hoy los dos se quedaron dormidos sin problemas, porque hoy almorzó y cenó sin dramas, disfrutó la comida que cocinaste, porque pasó la fiebre, y porque te diste cuenta que ese papá que no está presente no lo necesitas porque tu hijo está creciendo bien y sano emocionalmente.

Y dices, hoy el día es mejor! Y tu cerebro te da tregua y de verdad que disfrutas el día. Juegas mejor, te ríes, y logras mirar fuera del vaso en el que te ahogas porque ¿sabes qué?: Lo malo pasa.

Pasa. Mejora. Avanzas.

Y te das cuenta por primera vez, que esto es criar. Ponerte a prueba que eso que no sabías que sentías, que tenías y que eras, está al servicio de tu hijo. Y tu aprendes, y tu creces y tu te empoderas.

Porque todo lo malo pasa, todo mejora, siempre avanzas. Y lo que no pasa, es lo que enseñaste, es la paciencia con la que acunaste, las palabras que dijiste para calmarlo y el amor que le entregaste cuando desde ti no había nada más que cansancio,

Y por eso, te das vuelta, y la maternidad ya no te pega en la espalda. Porque esa espalda, tiene algo que te protege: aprendizaje.

 

Podemos Hacerlo.

Las leo!

1 comentario en “<!--“Esto me superó”: Cuando la maternidad te pega por la espalda-->”

  1. Leí esto y es tal cual como me siento muchas veces!
    Gracias por compartir esto, la maternidad real, de la que muchas no quieren hablar

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