De vuelta a la pega: “Me asusta pero me gusta”

Como todo en la vida de la maternidad está lleno de “procesos”, “adaptaciones”, “vivencias”, “ciclos” y todas esas palabras que usamos porque no sabemos como más calmar a alguien. ¿Se han dado cuenta? “Tranquila amiga, es una etapa, ya pasará”, “Es un proceso…debes vivir el proceso”, en fin.

Como si no fuera poco tener que lidiar con todos estos “procesos”, resulta que cuando estás recién acomodándote a todo el post parto, a la caída de pelo, la lactancia y superaste la crisis de los tres meses, ahora resulta que acaba el post natal. (O en mi caso, y en el de muchas otras mamás, que superamos varias crisis más, termina la licencia del año y se debe volver).

Mucho se habla sobre la vuelta al trabajo, y se le ve como que fuera la tragedia más grande del mundo. Prácticamente te dan el pésame cuando dices que volverás a trabajar porque “la guaguita ahora quedará en sala cuna” o bien al cuidado de otra persona que no es su madre. Por otro lado, otras me han dicho que uno viene a descansar al trabajo (y vaya que tienen razón) y que venir a la pega es desconectarse un rato y volver a retomar tu vida laboral.

Desde mi experiencia, y mi forma de ser, me pasó que mi corazón se dividió en dos. Por un lado tenía unas ganas inmensas de volver a hacer lo mío, retomar mi profesión, salir de ese “stand by profesional” en el que estaba para reencontrarme con mis actividades pero ahora de una manera distinta, con otra mirada, otra perspectiva. Y por otro lado, la sensación de dejar a mi guagua, empezar una nueva rutina y camino en el que sería así de aquí en adelante, en el que yo no estaré ni ella conmigo durante gran parte del día y tener la sensación de no saber como suplir esa ausencia, que por un año completo fue 100% dedicado a ella.

Mi primera y gran angustia fue no quiero que mi hija sienta que le falté en algo importante porque yo trabajaba. Me lo lloré todo el día anterior a entrar, pensando que de aquí en adelante será así, y el sólo hecho de pensar que podría hacerle falta a mi hija por estar trabajando me rompió el corazón. Sin embargo, recordé mi propia infancia, y claro, mi mamá trabajó siempre y si pienso, nunca me hizo falta. Todo lo contrario, siempre ahí ahí ahí jajaja (mamá profesora). Lógico que muchas presentaciones del colegio no estuvo, pero en cosas importantes, trascendentales nunca he sentido un vacío, hasta el día de hoy.

Eso hizo que me diera cuenta que no es la cantidad del tiempo, sino la calidad del mismo, y que depende de una cómo entregarle y retribuir el tiempo separadas por las horas que estaremos juntas.

Como buena madre que se respete, tenemos culpa hasta por las orejas, así que la culpa en la maternidad son como las opiniones: están aunque no las pedimos, no hay como achuntarle para que no pasen y siempre siempre algo dejan en nosotros a pesar de intentar que no nos afecten. Así que dejemos la culpa de lado (porque la tendrán si o si) y veamos algunas cosillas que al menos a mi me han servido para no morir y sobre vivir en el intento de volver a la pega:

  1. Dormir ocho horas para retomar el trabajo descansada
  2. Tratar de darse un baño relajante para que nos sintamos mejor
  3. Tener tiempo para socializar en la pega: ir a tomarse un café con los colegas y así volver a ponerse a tono con lo que ha pasado durante tu ausencia

jajaja me imagino que se les fue cayendo el pelo mientras leían eso, porque no faltan los consejos de ese tipo con los que dan ganas de agarrar a palmetazo limpio a quien los diga.

Ya ahora si, creo que una de las cosas que mas predico en este blog es la ORGANIZACIÓN, me ha salvado la vida ser una persona organizada y la verdad es que desde que entré a trabajar es mi bandera de lucha, porque el tiempo en casa se reduce, pero las tareas y quehaceres no. Se suman las exigencias propias de la pega y además aparece el factor afectivo que es cómo le afecta a la guagua que su mamá no esté. Puede ocurrir que las noches se tornen muy complicadas, porque el bebé quiere mamá y reclama lo que necesita, por lo tanto, el cansancio extremo es una variable que uno no consideraba. Es importante estar atento a cómo el cansancio también afecta emocionalmente y buscar la ayuda necesaria si te ves sobrepasada (lo digo porque este último mes ha sido el más difícil de mi maternidad). La buena noticia es que la tragedia pasa y las noches pueden volver a ser mejores.

Ser organizada me ha permitido preparar mis almuerzos el día anterior, dejar mi lonchera, la de mi hija, su bolsa del jardín y su ropa preparada en la noche, para que en la mañana no nos dediquemos a correr y podamos tener un ratito de regaloneo antes de ir al jardín/pega. Bañarme medianamente tranquila y llegar al menos con el pelo seco a trabajar.

La primera semana es la más difícil, no sabes de qué hablar y subirte a un barco que ya lleva tiempo andando en el que empiezas de cero es complicado. Requiere dosis anti colapso, y conforme van pasando los días se vuelve más fácil.

Tips útiles (que me sirvieron a mi):

  1. Llevar mucha comida: snacks, colaciones a media mañana, más el almuerzo, té, café y algo dulcesito, porque da hambre. Mucha hambre.
  2. Tener a mano una persona cercana: siempre es bueno contar con alguien de confianza, que te apañe en caso de pena, angustia, dudas en la pega o cualquier cosa que necesites, porque si, nuestro cerebro se esta acostumbrando nuevamente y puede que uno ande más olvidadiza
  3. Disfrutar la etapa: si, aunque sea ridículo decirlo es cierto. Retomar tu pega con cariño, agrado, intentar hacerlo lo mejor posible, te dará la satisfacción de que tu puedes y te la puedes, con guagua, casa y pega.
  4. Calidad no cantidad: la organización es clave porque en vez de llegar a hacer la cama y ordenar las cosas, llego a jugar con mi hija, estar con ella dedicada al 100%. Su rutina me permitió poder manejar mejor los tiempos y pese a correr todo el día, de las 16.00 a las 18.00 es 100% hija.
  5. Tener claro derechos y deberes: estamos en una sociedad en la que se mira mal a la mujer madre trabajadora, por lo tanto, tener claro nuestros derechos respecto del fuero, de lo que se puede y no hacer y también nuestros deberes. Evitar prestar atención a comentarios desafortunados y poco amigables.
  6. Conversar las penas: se vienen angustias, colapsos y complicaciones. Cuando la guagua se enferma, cuando debes llevarla a médico, trámites que quedaron pendientes, y muchas cosas que pueden hacer que te sientas agobiada. Conversarlas con alguien, tu pareja, alguna amiga, tu mamá, porque recuerda que sigues siendo persona que siente, sufre y se cansa y estás en tu derecho a pataleo.

Los miedos, las preocupaciones, los temores asociados a retomar la vida laboral son válidos y mundiales. Sin embargo, en el camino nos damos cuenta que si podemos, que cuesta pero se aprende y que pese a todo lo que implica correr todo el día (literal) retomar tu vida laboral tiene satisfacciones personales que también te harán sentir mejor contigo misma.

¿Cómo han vivido ustedes la vuelta al trabajo?

Las leo!

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